LA BIBLIOTECA 

DEL INVESTIGADOR Y ESCRITOR 

ALONSO ZAMORA VICENTE

Por

Antonio Viudas Camarasa

Universidad de Extremadura


Más de quince años de proyectos comunes...

Una personalidad como la suya no se improvisa. El profesor Zamora es fruto de su generación y de sus circunstancias. Nace en Madrid y desde pequeño vive inmerso en un ambiente cultural propicio a la renovación de las letras españolas. La Junta de Ampliación de Estudios está en plena actividad. Los deseos de los primeros institucionistas se van logrando, al mismo tiempo que sus vidas se agostan.

El Centro de Estudios Históricos es una realidad que viene publicando desde 1914 la Revista de Filología Española.

Más de quince años de proyectos comunes forjan a los maestros universitarios de Alonso Zamora.

En el Centro de Estudios Históricos se consolida una generación de intelectuales que ha dado nuevo rumbo a los estudios españoles. En una fotografía de la primavera de 1930 descubro a Ramón Menéndez Pidal rodeado de Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, Homero Serís y el joven Pedro Salinas que posan para las páginas de Blanco y Negro en un despacho, instalado en el antiguo edificio del Hotel Almagro (que ustedes pueden contemplar en el vídeo sobre el ALPI que se proyecta en la sala superior de esta exposición).

 

De izquierda a derecha: Tomás Navarro Tomás, Ramón Menéndez Pidal, Homero Sería, Américo Castro y Pedro Salinas. ©Foto aviudas 2002

Mientras Alonso Zamora comparte estudios con su condiscípulo Camilo José Cela. Se matricula en la Universidad Central cuando se está construyendo la Ciudad Universitaria y se abandonan los locales de la calle San Bernardo. En el paisaje urbano se levantan El Hospital Clínico, rodeado de las facultades de Medicina y Farmacia y un poco más alejada la Facultad de Filosofía y Letras.

Los maestros de Zamora Vicente comparten la docencia universitaria con las actividades del Centro de Estudios Históricos. Además de importantes proyectos científicos, como la investigación de los orígenes de la literatura española, se preocupan de los orígenes de la Lengua Española, de la organización de Bibliotecas, Archivos, inauguración de cursos para extranjeros y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para la docencia y la investigación.

Se esfuerzan por aplicar los métodos de la fonética experimental y la geografía lingüística al estudio de la lengua española. Se consolida el Laboratorio de Fonética Experimental dirigido por Navarro Tomás y se inician los trabajos de encuesta del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica.

La investigación de gabinete se complementa con trabajos en archivos y encuestas de campo.

Navarro Tomás y Eduardo Martínez Torner aplican la grabación de la palabra al servicio de la cultura y de la ciencia.

En las sesiones de grabación del Archivo de la palabra, don Tomás azuza a las grandes personalidades de la ciencia española que se asombran al escuchar una y otra vez su voz grabada.

Azorín abandona la soledad de su creación literaria y nervioso deja el testimonio de su acento levantino.

Menéndez Pidal, con disimulado acento gallego, se manifiesta optimista ante el porvenir de la lengua española.

Santiago Ramón y Cajal, anciano, proclama que la censura de maestros, émulos y adversarios esculpen la personalidad científica y estimulan a la juventud. Aconseja a los jóvenes que se alejen de la tradición y la rutina y adopten el modelo del «hombre nuevo, forjado por autorreflexión».

Zamora se forma en ese ambiente de esplendor de la cultura española y participa en el mundillo literario y científico de la época.


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