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Página personal de la escritora

Rosa María Lencero

 

 

1ª Muestra del libro extremeño

Organizada por la Asociación de Escritores de Extremadura (aeex) y el  Gremio de Libreros de Cáceres

 13 de diciembre de 2003, 18 horas Biblioteca Pública de Cáceres 

 

 

Difusión radiofónica 

de los poemas leídos por Rosa María Lencero

SUMARIO

Julián Rodríguez Marcos presenta la lectura de poemas
Palabras de presentación de Rosa María Lencero
Poema Tierra extrema
Poema de Como amantes de Etruria
Dos poemas de El galo moribundo
Cuatro poemas de Mar de yerba

De derecha a izquierda:  Julián Rodríguez Marcos, Javier Pérez Walias y Rosa María Lencero.

 

Julián Rodríguez Marcos presenta 

la lectura de poemas

    La lectura de poemas fue presentada por Julián Rodríguez Marcos, miembro de la Junta Directiva de la AEEX, en una breve y sustanciosa introducción inició a los oyentes en la poesía y trayectoria poética de los tres autores que debían intervenir, excusando la asistencia de Antonio Pacheco por motivos familiares de última hora que le impidieron desplazarse hasta Cáceres. Enmarcó a los tres  como poetas representativos de la generación de los ochenta. 


Reproducimos un fragmento de su alocución:

 

 

        "Nos parecía que pertenecían a una generación, la de los ochenta que había introducido una renovación importante de la lírica hecha en Extremadura, que había sabido atender por una parte una tradición, y en este caso una tradición en general que es la tradición española, pero que también se había enfrentado a otras corrientes y había bebido de otras corrientes de la poesía internacional, incluso de la poesía hecha en esta misma región. 

          Nos parecía también que eran tres nombres importantes para destacar esas otras voces que quizá no han tenido una repercusión dentro del ámbito de la Asociación de Escritores, porque fuera de ese ámbito lo han tenido por méritos de la obra de cada uno y nos parecía que la Asociación a estos autores  que eran además de poetas, algunos de ellos socios, queríamos también de algún modo reivindicarlos.

         Rosa Lencero, la voy a presentar brevemente, no necesita presentación. La conocen todos ustedes. Ha publicado como Javier en numerosas revistas y está incluida también en varias antologías. Su último libro es Mar de yerba, publicado por la Editora Regional de Extremadura en el 2002, pero antes también tenía otros títulos importantes como El galo moribundo o Como amantes de Etruria.

Julián Rodríguez Marcos

 

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Palabras de presentación de Rosa María Lencero

    Buenas noches, para mí es una satisfacción estar colaborando en la tarde de hoy en un día tan  especial con la "Asociación de escritores" y el "Gremio de los libreros de Cáceres".

    Para no hablar más voy a pasar directamente a leeros un poema que ganó en el 1996, para mí es muy importante comentarlo, el Premio de Poesía José de Espronceda de la Federación de Asociaciones extremeñas en Barcelona, "Tierra extrema", y es un poema dedicado a Extremadura.

     Quiero leerlo porque es una visión totalmente distinta a los poemas que habitualmente estamos acostumbrados a escuchar y a leer sobre nuestra tierra.

 

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Tierra extrema

 

Ayer te soñé

de nácar

nívea o glaciar,

Tierra extraña.

Soles ígneos

de almenas raídas

por el tiempo

grano a grano

te calcinan

quemantes,

erosionándote

la piel extrema

que en cada celada

se vulnera

con la saeta

del desatino...

Tierra

de áspera caricia

bronca y ruda,

fraterna y liviana,

Extremadura...

Insondable

y tornadiza

esta nacencia

de limo acrisolado,

uncida

por el yugo del ensueño,

te ofreces

página de la Historia

orfebre

que cincela rostros

en la arena.

No hay señoríos

que medrar

ni posesión

que sea enajenada

de tu geografía,

ni proveen

más océanos

prodigiosas américas.

Con tesón

acuñas

día a día

los anhelos,

delicados encajes

nupciales

que ciñen tu silueta.

Ni el Guadiana

adalid de rumor,

ni el Tajo

que esconde

aroma de brea,

son laberintos

de agua

para engañar

la sed de tu boca.

Dédalo

es un gentil

suicida

en el frenesí

de tu fatiga.

Mi Tierra,

no seas huraña,

ten misericordia

y lo frugal de la razón,

eternízalo...

ya que el tiempo

teje la urdimbre

de la efigie.

Más extrema que tú,

la misma muerte

y por semejanza

la maraña negra

de los sueños.

Te ansío hoy,

luminescencia

por el tangible verde

de tus valles,

ebrios en el Jerte,

plácidos en la Serena...

Y este mapa,

tendido como humano

de rostro mineral

y pecho altivo

de ciudadela,

se diluye

entre mis dedos

como adobe

o como flor de azahar,

milagro

de primavera.

Nunca amé cuerpo

tan agreste,

nunca la linfa

dulce de tus venas

colmó tanto

el cuenco de mi boca.

Ven a mí,

como voy a ti,

exiliados

de ciegos ojos

que no sueñan.

Exhorta

a los ancestros,

más no saldes

el futuro

con falsa moneda.

Extremadura

de dolmen y proscenio,

de bronce y santuario,

de cañada y estelas...

Antiguos ecos

te arrullan,

novísimos sones

te vocean.

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Poema de Como amantes de Etruria

 

Presentación

    Continúo leyendo un par de poemas del libro Como amantes de Etruria. Fue publicado en el 91 por la Diputación Provincial de, de  Badajoz. 

    Es un libro en que, como su título indica, esa famosa, ese famoso sarcófago de terracota etrusco, es adentrarse en la piel del esposo que está abrazando a la esposa en la muerte para ir más allá de lo que el destino les ha marcado que es el fin de la vida. A través del amor intentan vencer a la muerte.

 

Desmitifícame los huéspedes del Olimpo

prende de mi fuego tu antorcha

e ilumina las cuevas de Altamira

llévame a pasear por la Atlántida

y cómprame un pasaje en el Nautilus

paséame en góndola por el Sena

y regálame un vestido de Sissí.

Algún día dirán de nosotros que adulamos al capricho

y remontamos el túnel del tiempo

para sentirnos más eternos y fortificados.

No te importe la leyenda que nos ciñen

si nos doran un futuro no allegado.

Como amantes de Etruria, 1991, 21.

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Dos poemas de El galo moribundo

 

Presentación

    El galo moribundo fue un poemario que en el 97 me lo becó la Consejería de Cultura con una de la becas a la creación literaria para poesía. Fue en el 2001 cuando la Diputación de Badajoz me lo, me lo publicó. 

    También es para cerrar un poco el ciclo clásico de la poesía en la que yo me movía hace un par de años. El galo moribundo también es un estatua bellísima de finales del helenismo griego y también es remontar a la muerte llevando al amor por bandera o  por latido en el corazón. Es el galo el que habla que no quiere perder la vida.

 

 

Cada vez se estrecha más

el cerco de la lentitud.

Todopoderoso soy de esta sabiduría

que me alumbra: el fin es llegado

y me aguardas en vela.

Hermosura extraña la de tu cara,

Muerte, que tan solo rozarte los labios

embriagas mis pupilas de flaqueza.

Qué dócil eres esposando mi sueño

al engaño leve de tu cintura...

dormiré sin desvelo al descuido.

Tú ahuyentarás el cuervo inmisericorde

que picotea saña en mi herida.

El galo moribundo, 2001, 9

Conocen los necios

la ardiente picadura de la sed

y engalanan su vaso de medusa.

Cómo tolerar mi guirnalda de sal:

poseer en la derrota

la más hermosa codicia

del anfitrión,

el ondulante cabello del desierto

y el azul de espejismo

en la delicia fragante de su voz.

El galo moribundo, 2001,

 

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Varios poemas de Mar de yerba

 

Presentación

 

    Terminaré leyendo algunos poemas del que hoy por hoy es mi libro favorito.

Mar de yerba se publicó por la Editora regional de Extremadura en el 2002. 

Es una poesía totalmente distinta. 

    En la contraportada, podemos, os voy a leer que "en realidad está escrito desde la naturaleza hacia el interior de las sensaciones". Es una percepción de todo el mundo que me rodea. Dentro de esa naturaleza las personas, los paisajes, los animales, la lluvia.

Son una serie de secuencias que parecen como improntas pictóricas. 

Es una poesía más sencilla. Digamos que es un poco más a ras de la tierra. 

    El libro está estructurado en cuatro partes:

  • La boca de Nausica, 

  • La casa del cinamomo, 

  • Diario de llovizna y

  • Rosas de agua.

    El libro está escrito, tengo que hacer otra salvedad, contemplando desde mi casa el hermoso paisaje de la Sierra de San Pedro. La sierra, que parece una espadaña totalmente, da para versos tan hermosos hacia la naturaleza como creo que son, que son estos.

I. LA BOCA DE NAUSICA

 

 

Desde esta atalaya 

donde me place ver

pasar la vida

se cuajan de rocío

los días.

Se rompen a campanadas

las horas.

Veo regresar

a mi balcón

sobre ondas de grama

las golondrinas

perdidas en la tierra.

El aire transparente

se arremolina

en cascada de alas.

 

 

Otro poema que pertenece a la parte II. LA CASA DEL CINAMOMO

 

 

Dicen 

que me perdí

por oquedades submarinas,

yo veo pasar barcos 

de nubes rosadas.

 

Escribo

en mi cuaderno 

que la sangre 

late dulce

en mi corazón 

de luna y sol

a babor y estribor. 

 

Bebo

a sorbos pulpa

azucarada de sueños.

 

Atesoro

en el aljibe del pecho

un rumor suave

de agua eterna.

 

De la parte III. Diario de llovizna está el que tal vez es mi poema preferido. Un gran y eterno homenaje a una de mis escritoras favoritas por todos los tiempos Margarite Yourcenar

 

Cruzamos a la orilla

donde el sol es un rubí.

 

Sentada sobre una roca,

Margarite Yourcenar

empuja con su pluma 

la barquilla de Wang-Fô

y su discípulo Ling:

 

Partamos, Maestro,

al país de más allá de las olas.

 

Camino al equinoccio

de primavera

Margarite ahoga

negros ropajes

de invierno:

tinta china

en papel de arroz.

 

Dolida

con la realidad

del mundo purgatorio

embarca

hacia la Isla

de los Montes Desiertos.

 

¿Dónde vas?

A nadar en la onda

que nos sostiene.

Sólo hemos cruzado

a la otra orilla

por la linde.

 

Contra corriente

escuchamos:

El relieve de los musgos

impide ver con claridad

que ese plano de agua

es una caligrafía.

 

Dos poemas de

IV. ROSAS DE AGUA

 

Escucho rumor

de lluvia

 

Frente a mi casa

un niño chapotea

en el mar de yerba:

Moisés salvado de las aguas.

 

Sobre un islote de granito

el sol restalla.

 

Escuchando el murmullo

de las piedras

la lluvia se diluye:

en acuarelas añiles

se contemplan

las cigüeñas encalladas.

 

Azul el horizonte,

esmeralda el suelo.

 

Me recreo avariciosa

en la belleza.

No me preguntéis

por las islas de azúcar

levantadas

en la arquitectura

de los verdes tallos

de mi mar de yerba.

 

Os preguntaría yo

por las estrellas

de plomo

que relucen

bajo el techo

de vuestras casas.

 

Todos, a veces,

prendemos el corazón

del agudo alfiler

de la luna.

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